Porque es bueno tener un infarto a los 55 (y sobrevivir)

Lógicamente, tener un infarto a los 55 y morirte no es un buen plan,… salvo honrosas excepciones que no voy a enumerar ahora.

Pero tenerlo y sobrevivir es un golpe de suerte por muchos motivos:

      • Si tenías algo en el corazón, mejor descubrirlo cuanto antes. En mi caso, la Lipoproteína A estaba descontrolada y ahora se lo que hay que hacer para no tener una nueva parada cardiorespiratoria. Sería fatal que me pasara algo parecido estando arriba de todo de una montaña o volando sobre el Atlántico.
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      • He empezado a comer mucho más sano y lo estoy notando ya. Nada de quesos, bollería, carnes grasas, embutidos y salchichas y muchas más frutas, verduras y pescado. Con una dieta así, viviré hasta más allá de los 100.
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      • Además, me he ganado un chequeo general pormenorizado. Me han hecho ya como 10 o 12 análisis de sangre donde me han mirado todos los indicadores o sea que cualquier desviación será detectada y corregida. De momento, solo me ha salido un nosequé del higado pero nada importante.
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      • Las cuatro semanas que estuve de baja las disfruté muchísimo y fueron como unas verdaderas vacaciones donde pude descansar intensamente y hacer todo aquello para lo que nunca había tenido tiempo.
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      • He reconectado con muchos amigos y he disfrutado con conexiones que tenía un poco olvidadas. Esto me ha hecho recordar la importancia de mantener vivos esos lazos de amistad. Además, también he tenido la oportunidad de conocer personas nuevas (al tener más tiempo).
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      • Como que de momento no puedo volar, estoy pasando más tiempo con mis hijos y también tengo más tiempo para hacer cosas que me gustan.
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      • Por último, he reordenado las prioridades vitales y ahora mismo mi objetivo es poder dejar de trabajar cuanto antes para disfrutar al máximo de la vida mientras tenga buena salud. De todas formas, aun me quedan unos años en activo y a tope.

En fin, como podeis ver, son todos bajadas. Eso sí, aségurate de que no la palmas durante el infarto.

La Lipoproteína-A

Pues hace unos pocos días descubrí que tengo la Lipoproteína-A muy alta. Tan alta como 107 mg/dL cuando un valor razonable no debería sobrepasar los 30 mg/dL. Además, también aprendí que no se puede bajar y que es hereditaria o sea que mi madre o mi padre también debieron tenerla por las nubes.

Valores altos de Lipoproteína-A son especialmente peligrosos porque multiplican el riesgo de sufrir infartos o ictus cuando el Colesteron LDL está un poco alto. En mi caso, lo tengo a 157 mg/dL siendo el valor de referencia estándar < 160 mg/dL. Si no fuera por la Lipoproteína-A, no sería un valor excesivamente malo.

Total, que los 107 mg/dL de la LP-A más los 157 mg/dL del C-LDL mezclados con un poco de stress de todo tipo (4 días antes había corrido la Maratón de Barcelona) hicieron que el 19 de marzo, exactamente a las 21:53, sufriera un infarto con bloqueo total de la arteria coronaria derecha que requirió de un montón de gente, pinchazos y algunas compresiones torácicas para que volviera felizmente a la normalidad después de algo menos de un minuto en parada cardio-respiratoria. Todo ello aderezado con un stent que me implantarón sobre las 11 de la noche del mismo día.

Primer resultado del ECG realizado en el comedor de mi casa

El golpe de suerte se produjo cuando sobre las 21.15, en un momento de lucidez plena, decidí llamar al 112 porque empecé a tener un pequeño dolor en el pecho que no había tenido antes. En menos de 10 minutos, ya tenía en el comedor de casa a mis dos salvadores que tras hacerme un electrocardiograma (ver fotografía) me bajaron a la ambulancia y fue entonces cuando comenzó todo…