La complejidad de la vida

En un momento de inspiración artística sin precedentes, he realizado esta composición utilizando la placa madre de mi viejo portátil equipado con un AMD Ryzen del 2016.

Me ha parecido que era una buena representación de lo compleja que parece la vida a veces cuando nos sentimos parte de un ecosistema que escapa a nuestro control. Aunque nada más lejos de la realidad.

En el circuito del cuadro, es el microprocesador central (o sea nosotros) quien comanda todo el resto de componentes de la placa. Es el que decide que instrucciones se ejecutan, cuales se paran y como se relaciona con los periféricos externos. Su fiabilidad es extrema, con una probabilidad de fallo inferior a 0,00001% en 100.000 años.

Eso explica pues, que todo depende de nosotros y que tal como decía Amado Nervo en «En Paz»…

...porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;

que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

Nosotros dirijimos nuestra vida y es inútil culpar a otros de nuestras desgracias porque igual que el AMD Ryzen, el destino se ejecuta siguiendo nuestras decisiones y ellas son al final las que dibujan nuestro camino.

Incluso las alcachofas tienen corazón

Paseaba hace unos días por Sants, en Barcelona, y me llamó la atención lo que un vecino o vecina decidió pintar en su fachada: «Fins i tot les carxofes tenen cor» o lo que sería en español «Incluso las alcachofas tienen corazón».

Fins i tot les carxofes tenen cor

La zona es uno de esos lugares en los que puedes pasear tranquilamente sin chocarte con turistas ni estar rodeado de restaurantes odiosos. Es uno de esos sitios que si no lo conoces, tienes que ir. Se trata de la pasarela elevada que cubre las vías del tren entre Riera Blanca y la Plaça de Sants en Barcelona.

Sin desviarnos del tema de las alcachofas, y sin entrar demasiado en quien y quien no tiene hoy en día corazón, lo que si es importante es lo poco apreciadas que están a nivel culinario. Hay gente que solo las come a la brasa, es decir, un par de veces al año junto a los calçots o las butifarras.

Si te da palo comprarlas frescas, limpiarlas y cocerlas, mi recomendación es que compres corazones congelados, por ejemplo en el Mercadona, que los pongas en un plato con un poquito de sal, pimienta negra y aceite de oliva virgen extra en el centro de cada una de ellas y al microondas unos 5-10 minutos hasta que estén tiernas. Así de fácil.

Es una buena receta para estos días dársela a Trump y a Netanyahu, porque incluso las alcachofas tienen corazón…

Algunas piedras de Mina Juanita

Hace un par de meses con Blanca y Pol hicimos una segunda expedición geológica a la Mina Juanita, en el Collserola de Barcelona. La primera la hicimos ya en 2024.

Piedras de la Mina Juanita

En esta última ocasión, nos llevamos algunas piedras entre las que había goethita, barita, blenda (o esfalerita) y hasta algo de galena y todo creo yo. Con todo ello hemos montado un pequeño cuadro donde hemos pegado las piedras utilizando el Montack de Ceys, una cola bastante acertada para estos menesteres.

Minerales de Mina Juanita

La verdad es que ha quedado bastante bien aunque en siguientes versiones intentaré cambiar el fondo para que no sea el marrón «corcho» sino algo más blanco.

Pol y Blanca según Blanca

Blanca no cesa en su expansión artística y en esta ocasión nos regala este colorido dibujo donde ella y Pol se están dando la mano dentro de casa.

Está hecho sobre folio DinA4 y pintado con colores Alpino a 11 tonos diferentes y lápiz. Blanca invirtió unos 8 minutos en hacerlo a las 8.30 de la mañana.

Ruud Van Empel

Casi por casualidad, esta semana he descubierto a Ruud Van Empel en Amsterdam. Nació en Breda (Holanda) en 1958 y aunque es complicado encasillar su arte dentro de alguna disciplina, sus trabajos no suelen dejar a casi nadie indifirente.

Theatre #10, 2019 – Ruud Van Empel

No son propiamente pinturas sino composiciones realizadas con ordenador en base a muchas fotografías que ha tomado previamente, con un resultado espectacular gracias al brillo y los colores de cada uno de sus cuadros.

Ciertamente, me gustaría ir a alguna de las exposiciones que suele realizar en Estados Unidos y Europa.

El Erizo de Navidad

Una de las tradiciones más arraigadas por mi madre durante las Navidades era preparar el Erizo de Navidad, un insólito plato de entrante inventado por ella que consistía en forrar de papel de aluminio un melón y clavarle muchos palillos, en la punta de los cuales se ponían tomatitos, fuet, queso y pica-picas varios.

El Erizo de Navidad en casa de Irene este año en San Esteban

Mi hermano e Irene, siguen conservando esta tradición el día de San Esteban y este año no podía ser diferente y volvieron a servir el curioso Erizo de Navidad.

En esta ocasión, incluso había torreznos pinchados en algunos palillos.

Guerra

Seguimos obsesionados con pelearnos entre nosotros. Por envolvernos en banderas que no nos han dado nada, más allá de un himno, una religión, un mundial o símplemente unas palabras que resuenan en nuestra tonta cabeza y que nos hacen pensar que los «otros» son los malos. Los más malos del mundo, y que hay que insultarlos, denigrarlos y porqué no, matarlos.

Al final unos pocos mueven su fantástica dialéctica y su fantástica maquinaria de marketing para hacernos pensar y creer lo que ellos quieren. Para llevarnos donde quieren llevarnos. Para odiar a otros. Para querer matarlos. Incluso por querer morir por ello. Ha sido así desde siempre, desde que hay memoria, desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer. La manipulación de los más tontos por parte de los más listos. Y sangre, mucha sangre y lágrimas.

Es entre tanto sufrimiento que vi ayer, casi por casualidad, esta fotografía casi poética que es el más vivo retrato de lo que es una guerra, del polvo que la envuelve, de la tecnología, del sufrimiento y en definitiva del despropósito que todo ella representa.

Israel, Ayal Margolin – Reuters

La fotografía ha sido realizada esta semana por Ayal Margolin para la agencia Reuters en Israel pero podría ser Vietnam, Irak, Ucrania o símplemente una película que vemos cómodamente desde el sofá de casa.

La paz y la tranquilidad en Frankfurt

Esta semana he estado en nuestra oficina de Sage en Frankfurt (técnicamente Frankfurt am Maine) y cuando les contaba a mis compañeros que a mis hijos les encantan las salchichas de Frankfurt y que me habían pedido que les trajera, se quedaron un poco con cara «no se qué nos está contando».

Por mucho que les enseñé fotos y la wikipedia donde explica lo que son, me siguieron diciendo que no se llaman así, y que no saben lo que son las «frankfurter». Ya investugaré un poco sobre ello en otra ocasión.

El caso es que la oficina de Sage en la ciudad de las salchichas me gustó mucho y sobretodo la paz que se respira en ella gracias al poco ruido, la decoración vegetal y pequeños detalles como esta pared en la que colgaban cuadros donde cada uno de ellos de forma individual transmitía tranquilidad y sosiego.

La oficina de Sage en Frankfurt

Vale la pena clicar en la imagen para poder hacer zoom sobre las fotos que estaban colgadas. Quizás sería una buena idea ponerme algún tipo de mural así en mi dormitorio para darle aun más paz. Obviamente con fotos hechas por mi.