Mucha gente hay a la que no alcanzo a entender sus motivaciones o razones para hacer o comprar determinadas cosas. Y muchos de ellos parecen normales, gente lista, con sus vidas y familias, con sus defectos y virtudes pero definitivamente equivocados en alguna de las facetas de su vida. Vamos allá.
Usuarios de patinete eléctrico. No se si es porque no respetan las señales de tráfico o porque van demasiado rápido por los carriles bicis o símplemente porque se me antoja un vehículo para gente vaguilla, pero no acabo de entender este medio de transporte.
Apple Watch. Si llevas un Tesla, un Mercedes alto o potente o símplemente un Porsche, tienes muchas posibilidades de que lleves un Apple Watch. Es también muy posible que intentes cubrir tus inseguridades con un reloj «modernito» o un coche que no esté al alcance de todos. Y eso pese a que vas a tener que ponerlo a cargar todos los días porque la batería dura menos que una pila clásica el día de reyes.
Los que tiran las colillas el suelo. ¿Qué puedes esperar de los fumadores que tiran las colillas en mitad de la calle o en el tronco de un árbol? Probablemente nada. Me imagino que en su casa deben hacer lo mismo. El respeto hacia los otros empieza con pequeños gestos y termina creando sociedades plurales abiertas donde estos individuos no deberían tener cabida.
Los que aplauden cuando aterriza el avión. Me parece gente entrañable pero no entiendo porque aplauden y sobre todo porque gritan junto con los aplausos. Es especialmente irritante cuando tú aun sigues profundamente dormido aprovechando hasta el último suspiro del vuelo haciendo siesta.
Protestones compulsivos. Este es un colectivo especial. Probablemente por un déficit de vitamina D o un IQ bajo o un atracón de discursos de VOX o una combinación de todo lo anterior, piensan que los culpables de todos sus problemas son otros y muy especialmente el gobierno. Suelen también esperar que sean otros quienes los resuelvan.
Los que van al gimnasio a andar en la cinta. De verdad que no entiendo que la gente pague por ir al gimnasio para meterse en la cinta a andar. Son esos los mismos que después cogen el coche, la moto o el metro para desplazarse 800 metros o el ascensor para subir un piso. ¿De verdad tienes que ocupar una plaza en el treadmill para andar?.
Los que no hacen la siesta y luego van todo el día cansados. Hay muchos que se rien de que yo haga siesta todos los sábados y domingos. Son los mismos que se pasan toda la semana y sobre todo el finde lamentándose de «lo cansados que están», de lo tanto que trabajan, de la faena que dan los niños… ¿Pero porqué no hacen siesta para recargar baterías? Esa obsesión insana de ocupar todas las horas del sábado y domingo hasta la extenuación me parece enfermiza y nada saludable.
Los que van a pueblos de montaña y se visten como si fueran al everest. Este grupo de gente me fascina. Se suben un fin de semana a algún alojamento rural en algún pueblo de montaña o media montaña y van vestidos con sus botas Salomon de 200 euros, sus pantalones técnicos, sus camiseta para transpiración extrema y todo para ir a pasear por la población, tomar el aperitivo en el bar, comer chuletitas a la brasa y muy esporádicamente caminar durante media hora en algún camino totalmente plano sin ninguna complejidad técnica. Y por supuesto, las cadenas en el maletero aunque sea pleno verano por lo que pueda pasar. Me encantan.
Tendría muchos más ejemplos, pero los dejo para otro día. ¿Te sientes identificado con alguno de ellos?