Activadores mejorables en el WWA

Desde el 1 de Enero y hasta el 31 del mismo mes, se está disputando el World Wide Award 2026 donde el objetivo es contactar con el número máximo posible de estaciones especiales (Activators) en el mayor número de bandas, modos y días. Es decir, son válidos todos los QSOs con una misma estación que se realicen en cada combinación de banda-modo-día (por ejemplo, 20m-USB-23/01/2026).

Los activators (o activadores en español) han sido elegidos por la organización y deben disponer de indicativos especiales y varios operadores. Compiten entre ellos, por lo que es normal escucharlos simultáneamente en 2 o 3 bandas, en diferentes modos.

El intercambio que se realiza en fonía es bastante rápido y un QSO habitual puede ser algo como esto:

EG4WWA: "CQ 20m from EG4WWA, QRZ"
Varias estaciones: "EA3GIW","ET7HHY","VK3HBJ",...
EG4WWA: "EA3GIW 59"
EA3GIW: "59 thank you 73"
EG4WWA: "Good luck 73, QRZ"

En el momento en que el activador dice QRZ, significa que el resto de estaciones pueden comenzar a llamar para ver si el activador, en este ejemplo EG4WWA, los escucha y les manda el 59.

El problema sucede cuando las estaciones (hunters) que llaman a los activadores no respetan su turno y responden o llaman cuando el activador está dando paso a otra estación (en el ejemplo era a EA3GIW). En este caso poco se puede hacer porque va a depender de la educación o respeto que muestren las estaciones que estan llamando.

Lo que es bastante más preocupante es cuando los activadores no operan correctamente. En muchas ocasiones es habitual encontrar a algunos que solo repiten su indicativo cada 8 o 10 minutos, y eso si lo repiten. Además de no ajustarse a la ley (en teoría debe repetirse en cada comunicación) puede generar muchos errores, sobre todo en las estaciones que confían excesivamente en el cluster.

Y por último, una práctica que me molesta bastante es cuando los activadores ni siquieran son capaces de seguir el protocolo básico y después de enviar el 59 inicial a una estación, no esperan al reporte de la estación escuchada y permiten que los hunters pisen ese reporte pasándoles el cambio. Es decir, algo como esto:

VK87GGT: "CQ 20m from VK87GGT, QRZ"
Varias estaciones: "EA3GIW","ET7HHY","VK3HBJ",...
VK87GGT: "EA3GIW 59"
EA3GIW + otras estaciones: "59 thank you 73","ET7HHY","VK3HBJ",...
VK87GGT: "ET7HHY 59" <=== MUY MAL, DEBERÍA SER "73, QRZ" o "73, VK87GGT QRZ"

Imagino que si todo el mundo siguiera el protocolo al pie de la letra, todo sería muy fácil y los concursos perderían algo de emoción.

Mi opinión sobre el Subaru Forrester

Ya hace más de un año que me compré mi Subaru Forrester del 2021 con 40.000 kms. He hecho bastantes kilómetros por autopista tanto en España como atravesando Europa en verano. También lo he metido por muchísimas pistas forestales de alta montaña, nieve y ríos. Quizás no tanto por ciudad aunque algo, también.

Para poder hablar y compararlo con otros vehículos quizás debo empezar diciendo los coches que he tenido antes: Hyundai Santa Fe, Hyundai ix35, Seat Alhambra, Mercedes GLC, Volvo XC60 y Volvo XC90. También he conducido durante algunas semanas un Audi Q5 y algún que otro BMW. De todos estos, Volvo marca la diferencia en cuanto a fiabilidad y facilidad de uso.

Pero el Subaru Forrester juega en otra categoría. Es probablemente uno de los coches más honestos y fiables del mercado ahora mismo y absolutamente todo de él me encanta.

Mi Subaru Forrester a 2.000 m. de altura a punto de llegar al Lago de Urdiceto en el Pirineo Aragonés

Para empezar diré que se comporta excepcionalmente bien fuera del asfalto gracias a su tracción total permanente y sus 22 cms de altura libre al suelo. Sus 150 CV dan de sobra para cualquier desnivel y especialmente se notan en caminos en muy mal estado con lluvia, piedras y rampas empinadas.

Por carretera, es un coche muy cómodo si estás habituado al cambio automático progresivo CVT de Subaru y sobre todo si sabes como se usa. Nada que envidiar a los cambios automáticos de otras marcas. Respecto a consumos, es cierto que gasta un poco más que un Volvo o un Mercedes y el pasado verano en 3.000 kms por Italia, Francia, Alemania, Austria y Luxemburgo me salió una media de 7,9 l/100 kms aunque tengo que decir sin pasarme de 130-140 kms/h (en Alemania hay muchas autopistas sin límite).

El único problema que he tenido en los 15.000 kms que he hecho fue una mañana en un camping en Italia donde me dejé la batería conectada a unas luces por la noche y no había forma de arrancarlo. El asunto se arregló con unas pinzas y conectándolo a otra batería en el mismo sitio. Muy fácil.

A nivel de seguridad, es excelente: conduce y frena solo, te dice cuando te despistas y tiene cualquier cosa que puedas imaginar en un Audi o Volvo.

En curvas es dificil encontrar algo igual. Su motor boxer en horizontal, muy cerca del suelo, le ofrece una estabilidad sin igual y la tracción permantente hace que puedas subir o bajar carreteras de montaña con mucha seguridad, incluso en mojado.

En fin, el Subaru Forrester me encanta y lo considero una de mis cuatro compras maestras de los últimos 10 años junto a mi nevera con dispensador de agua exterior Samsung, la Fantic Caballero y mi Icom IC7300.

De culto

El otro día hablando con unos amigos discutíamos el concepto «de culto». ¿Qué significa exactamente que algo sea de culto?.

Aun recuerdo cuando fui al cine en el 2011 a ver Drive, una película que no puedes perderte, y me encontré un montón de gente con un palillo entre los dientes. Resulta que Ryan Gosling en la genial escena inicial conduce su coche durante unos cuantos minutos con un mondadientes en la boca (los 9 primeros minutos de Drive) para no quitárselo prácticamente en ningún momento durante el resto del film. La película de culto estaba servida.

Pero, y para mi, ¿Cuales son mi película, personaje, marca,… de culto?. Pues ahí va:

    • Mi película de culto: Sin duda alguna es la italiana «La grande bellezza» con un magnífico Toni Servillo bajo la dirección de Paolo Sorrentino. Es la película que tienes que ver antes de ir a Roma.
    • Mi personaje de culto: Es Abebe Bikila, el mítico etíope que ganó dos veces la maratón olímpica, la primera de ellas en Roma en 1960, corriendo descalzo y donde estableció la nueva plusmarca mundial en 2h 15′ 16».
    • Mi marca de coches de culto. Subaru es la elegida. Su motor boxer indestructible y su tracción total permanente en todos sus modelos hacen de la marca japonesa un mito casi eterno ajeno a modas y tendencias. Versión tras versión en todos sus modelos, Subaru se mantiene fiel a sus principios con una estética tradicional que gusta a bien pocos, entre ellos a mi.
    • Mi ciudad de culto. Viví en Verona dos años y he vuelto sistemáticamente a esta ciudad complicada pero fácil a la vez. Con una historia increíble y serpenteada por el Adige donde su Arena sigue conservando su pasado romano y su uso ancestral para entretener a las masas.
    • Mi carrera de culto. La «Carrera a la Peña Montañesa» ya no existe pero sigue remanente en mi memoria y en la de muchos corredores que durante unos años subíamos corriendo a la majestuosa Peña Montañesa en el Pirineo de Huesca. Su herencia la ha recogido la «Gran Trail Sobrarbe» con más kilómetros pero con mucho menos desnivel y probablemente con muchos menos heridos.
    • Mi marca de motos de culto. No invierte nada en publicidad y apenas tiene concesionarios pero si te haces con alguno de sus modelos scrambler serás prácticamente el úico llevando una Fantic Caballero en tu ciudad, ya sea de 125, 500 o 700cc. La marca italiana nacida en 1968 continúa íntegramente bajo capital italiano fabricando modelos de culto con su motor Minarelli.
    • Mi autor de culto. Esta categoría está muy reñida entre García Márquez, Houellebecq y Niccolò Ammaniti pero creo que me quedaré con este último por ser el menos mediático y el menos «traumatizado».
    • Mi libro de culto. Va a ser una decepción para muchos pero sin duda es el libro que he leído más veces y el que me ha inspirado más. Es «Breve historia de la química» del ruso-americano Isaac Asimov.
    • Mi objeto de culto. Nada hay que cuide más que mis zapatillas de running. Tienen que estar limpias y solo las utilizo para correr. Jamás se me ocurriría utilizarlas para ir de paseo, jugar a fútbol o andar por el monte. Me gusta ver como la suela se va desgastándo progresivamente y medir milímetro a milímetro como disminuye el taco de goma en cada uno de sus flancos por delante y por detrás.

Hasta aquí mis objetivos de culto. Algunos son muy míos y otros muy mediáticos como Bikila o Verona, pero así es la vida.

La cantidad está sobrevalorada

En esta época de extremos en la que vivimos, en la que nos pasamos media vida delante del teléfono viendo vídeos tontos y la otra comprando desaforadamente a golpe de click, nos estamos perdiendo los matices, lo que hace especial este mundo.

Si cuando vas a algún sitio necesitas hacer mil fotos y publicarlas inmediatamente en Instagram o Whatsapp, probablemente tu autoestima está por los suelos y necesitada de «likes». De muchos «likes», de cuantos más, mejor.

Y es que vivimos en un mundo donde lo importante es tener mucho dinero, muchos likes, muchos seguidores, un coche grande, una casa grande, tener muchos amigos,… cuanto más de todo, mejor. Y al final, acabas viviendo en un mundo artificial, rodeado de gente que no te aporta nada y que compite por ver quien tiene más de todo y quien lo tiene más grande.

Y sin embargo, todo es mucho más sencillo: la felicidad te la roba el exceso de likes y la competición desmesurada por mostrar lo grande que es todo en tu vida, por llevar las últimas marcas y por haber estado en el lugar más cool de Ibiza. Te la roba porque al final te haces dependiente de la confirmación y aprobación de los demás y tu vida se vacía de ti y de lo que te gusta.

¿Podrías irte de vacaciones sin hacer una sola foto? Y si lo hicieras, ¿A donde de irías?. Piensa.

Al final, te quedas con lo pequeño, con lo autèntico, con lo que siempre ha estado ahí, aquello que te hace sentir bien contigo mismo sin necesitar que los demás te den su aprobación. Ya es hora de vivir tu vida y de reconocer que la cantidad está sobrevalorada y que menos es más, siempre.

La Envidia

Cuando mi madre tenía 77 años, se dedicó a escribir en una libreta sobre temas cuotidianos vistos siempre desde su punto de vista: La Decepción, La Vida Laboral, Colecciones, El día de mañana,…

En esta ocasión he recuperado un nueva tema, «La Envidia», escrito el 27 de marzo de 2013.

La Envidia

Hay cosas que existen pero no las vemos, la envidia es una de ellas.

¿Qué es la envidia? una virtud?, no, un vicio?, tampoco, una enfermedad?, no llega a tanto, pero va por el camino de serlo.

El mundo actual se presta a muchas envidias si no somos conscientes de nosotros mismos, de lo que queremos o necesitamos, ¡Cuantos objetos se tiran a la basura por envidia! Cuando vemos que fulanita se ha cambiado algún mueble o reformado algo del piso, nos entran unas ganas locas de hacer lo mismo. ¿Tenemos realmente necesidad de hacerlo? es lo primero que tenemos que preguntarnos, o ¿es solamente porque alguna vecina o amiga lo ha hecho?.

La envidia, según mi modesta opinión (que hay opiniones para todos), es falta de personalidad. Tenemos que parar de hacer lo que hacen los demás; hay que tener en cuenta que no siempre el que más tira es el que está en mejor situación económica. Suelen ser muy amantes de las compras a plazos. Conozco vecinos que están esperando terminar con los plazos del coche para comprarse otro nuevo.

A principios de mes, los taxistas tienen mucho más trabajo, han cobrado y olvidan que el salario ha de durarles hasta final de mes. Tal vez los últimos días del mes, en lugar de ir en taxi, alguno mirará si puede colarse en el metro o autobús sin parar.

No hay que mezclar la envidia con los celos aunque tengan algo de parentesco. Este úñtimo suele ser más grave. Ya desde niños empiezan los celos, hay que empezar la educación de muy pequeños y los mayores que les rodean observar si tienen algún problema y no comparar ninguna virtud nunca entre hermanos. No todos somos iguales, hay que saber respetar las diferencias y hacer comprender que cada cual puede ser apto para una tarea distinta en la vida. Sin desmerecer a ninguno, se evitarían envidias y celos.

En los pueblos, todavía son más acusadas las envidias entre vecinos, muchos cambian de coche para farolear, no por necesidad. He sido testigo de ello.
La Envidia, por María Luisa Ventosa

El mejor bolígrafo de hotel

En mayo de 2015 activé la función de Cronología de Google Maps. En los últimos 9 años, siempre según Google, he estado en 31 países y 487 ciudades. He ido a 989 restaurantes, 60 aeropuertos diferentes y 267 hoteles.

Y ahí es donde quería yo ir. Totalmente heredado de mis padres y de su política de «si es gratis, me lo quedo, lo necesite o no», las amenities (no se como se dice en español) del baño, las cápsulas del café, el te y los chocolates solubles son incluso hoy en día una tentación cada vez que dejo un hotel. Lo único que me suelo llevar son las pastillas de jabón, si son aceptáblemente bonitas, porque en casa sigo utilizándolas frente a los jabones líquidos.

Lo que sí centra mi atención son los blocs de notas, libretas y bolígrafos. Mis hijos andan siempre escribiendo y dibujando y tener a mano trozos de papel es muy útil. Mi debilidad por los boligrafos es algo especial.

La verdad es que solo utilizo bolígrafos para la lista de la compra que tengo pegada en la puerta de la nevera. En el trabajo, soy un muy feliz usuario de Remarkable desde hace ya 3 años y de Google Keep para mis cosas personales.

Pese a todo, suelo llevarme los bolígrafos de los hoteles si son cómodos y escriben bien, muchos de los cuales terminan en las manos de Pol y Blanca.

Después de toda esta larga introducción y contextualización, ha llegado el momento de saber cual es el mejor bolígrafo de hotel. El agraciado de entre los 267 hoteles en los últimos 9 años es el London Bridge Hotel, junto a nuestra oficina del Shard en Londres.

El bolígrafo del London Bridge Hotel en Londres

La razón de tan importante distinción es la suavidad con la que escribe. No recuerdo haber usado nunca un bolígrafo que sea tan cómodo y que prácticamente escriba solo. Ni siquiera comprándolo, he sido capaz de encontrar una punta tan suave que hace que la tinta se deslice como por arte de magia sobre el papel.

La punta del bolígrafo

Además, el trazo es contínuo y uniforme, algo que siempre es muy agradable tanto cuando escribes como cuando lees. En la foto superior he hecho un poco de zoom para ver el detalle de su punta.

Si teneis la oportunidad de pasar por ese hotel en Londres, pedid un boli. No os arrepentireis.

Guerra

Seguimos obsesionados con pelearnos entre nosotros. Por envolvernos en banderas que no nos han dado nada, más allá de un himno, una religión, un mundial o símplemente unas palabras que resuenan en nuestra tonta cabeza y que nos hacen pensar que los «otros» son los malos. Los más malos del mundo, y que hay que insultarlos, denigrarlos y porqué no, matarlos.

Al final unos pocos mueven su fantástica dialéctica y su fantástica maquinaria de marketing para hacernos pensar y creer lo que ellos quieren. Para llevarnos donde quieren llevarnos. Para odiar a otros. Para querer matarlos. Incluso por querer morir por ello. Ha sido así desde siempre, desde que hay memoria, desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer. La manipulación de los más tontos por parte de los más listos. Y sangre, mucha sangre y lágrimas.

Es entre tanto sufrimiento que vi ayer, casi por casualidad, esta fotografía casi poética que es el más vivo retrato de lo que es una guerra, del polvo que la envuelve, de la tecnología, del sufrimiento y en definitiva del despropósito que todo ella representa.

Israel, Ayal Margolin – Reuters

La fotografía ha sido realizada esta semana por Ayal Margolin para la agencia Reuters en Israel pero podría ser Vietnam, Irak, Ucrania o símplemente una película que vemos cómodamente desde el sofá de casa.

Muerte épica

Cuando me llegue el momento de terminar aquí, en la vida terrenal, y tenga que aventurarme en la siguiente etapa en la vida eterna, tengo muy claro como me gustaría irme.

Nada, absolutamente nada, me parecería más épico, epopéyico y el broche final a toda una vida de felicidad extrema que morir a los 80, 90 0 100 años tras cruzar la línea de meta de una maratón.

Eso querría decir que he agotado la vida hasta su últmo suspiro, que no me resigné a los 70 a quedarme en el sofá viendo la tele y que la vida me sonrió siempre porqué yo le sonreí a ella, como me decía ayer Maria.