Paseaba hace unos días por Sants, en Barcelona, y me llamó la atención lo que un vecino o vecina decidió pintar en su fachada: «Fins i tot les carxofes tenen cor» o lo que sería en español «Incluso las alcachofas tienen corazón».
La zona es uno de esos lugares en los que puedes pasear tranquilamente sin chocarte con turistas ni estar rodeado de restaurantes odiosos. Es uno de esos sitios que si no lo conoces, tienes que ir. Se trata de la pasarela elevada que cubre las vías del tren entre Riera Blanca y la Plaça de Sants en Barcelona.
Sin desviarnos del tema de las alcachofas, y sin entrar demasiado en quien y quien no tiene hoy en día corazón, lo que si es importante es lo poco apreciadas que están a nivel culinario. Hay gente que solo las come a la brasa, es decir, un par de veces al año junto a los calçots o las butifarras.
Si te da palo comprarlas frescas, limpiarlas y cocerlas, mi recomendación es que compres corazones congelados, por ejemplo en el Mercadona, que los pongas en un plato con un poquito de sal, pimienta negra y aceite de oliva virgen extra en el centro de cada una de ellas y al microondas unos 5-10 minutos hasta que estén tiernas. Así de fácil.
Es una buena receta para estos días dársela a Trump y a Netanyahu, porque incluso las alcachofas tienen corazón…
